El ensayo de “Los hijos de la Malinche” del renombrado Octavio Paz expresa la idea y descripción de los mexicanos en la actualidad tanto como individuo y como sociedad. En los primeros párrafos, resulta clara la idea que el autor ha creado del mexicano: (los mexicanos), “No somos gente segura y nuestras respuestas como nuestros silencios son imprevisibles, inesperados. Traición y lealtad crimen y amor se agazapan en el fondo de nuestra mirada.”[1]
En esta cita se expresa la idea principal de un mexicano: personas que no expresan sus sentimientos, ni siquiera con sus seres más queridos, porque consideran que eso sería “rajarse” como personas; abrir su interior para estar expuesto y poder ser herido. Para los hombres mexicanos, esto es solo una acción realizada por las mujeres, pues son las que están “rajadas” de por vida y siempre abiertas. Los hombres deben ser los fuertes que mantienen la sociedad en pie. Esta característica de ser una persona hermética me parece ser similar a mi forma de ser, pues con pocas personas encuentro la confianza de poder expresarme plenamente y aun así no consigo acostumbrarme a desarrollar el hábito.
A su vez, Paz menciona a los mexicanos como personas que les importa poco todos y todo. Se creen seres inferiores y es tanta su inseguridad que ni siquiera trabajando en equipo pueden superarse o sacar adelante un proyecto, pues no creen en el trabajo con la comunidad, en la solidaridad o en la empatía; sólo están ellos y nadie más en este mundo. Históricamente, este sentimiento o actitud de aislamiento se debe a que los primeros “mexicanos” fueron obra de una violación (Hernán Cortés con la Malinche).
Muchos mexicanos nos podemos sentir identificados con este ensayo pues dice muchas características típicas y que a lo largo de la historia han sido muy presentes desde la conquista. Aunque la redacción y manejo de palabras puede parecer muy hostil, es una opinión digna de considerarse.
[1] Paz, Octavio; El laberinto de la soledad; 3ra ed.; Ed. Fondo de la Cultura Económica; México; 2004; Pág. 72
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